viernes, 29 de enero de 2016


                                                                       
Un japonés en la Fragata Sarmiento

 
En el año de 1883 la familia Shinya vivía en la isla de Kiushiu, Japón y recibió uno de los regalos más preciados que se pueda esperar, la llegada de un bebé.

Yoshio fue el nombre elegido para el heredero.

Desde pequeño el niño demostró gran inteligencia, espíritu aventurero e imaginación creativa virtudes a las que el tiempo uniría una férrea voluntad.

Tuvo una esmerada educación y en plena adolescencia, cumplidos los dieciséis años, sus objetivos eran muy claros aunque no siempre concordaban con los de su progenitor. Comenzaron así frecuentes diferencias de opiniones y cierto día enhebrados en una difícil discusión Yoshio, ante la imposibilidad de conciliar argumentos pegó el portazo decidido a huir del hogar y de la ciudad. Por algo descendía de samurais.

Lió sus petates y resolvió ir a Nagasaki puerto importante de la isla que muchos años después tendría una dolorosa historia.

Deambulaba curioso por la zona portuaria cuando llamó su atención una fragata desconocida, le informaron que pertenecía a un país lejano de cuya marina era el Buque  Escuela y que había arribado a Japón cumpliendo su viaje de bautismo alrededor del mundo en ese año de 1899.

El tema lo sedujo, la fragata era su oportunidad para ser independiente y aventurero pero cómo embarcar, ese era el quid, debía encontrar la manera porque la nave partiría en unos días y él ya soñaba con el país de extraño nombre, Argentina.

Indagando por aquí y por allá se enteró de que Onofre Betbeder era el capitán de la nave y se ingenió para lograr una entrevista con él.
Inglés mediante, pudo convencerlo de que le permitiera embarcarse en la Fragata Presidente Sarmiento.
Desconocemos cuáles habrán sido los argumentos esgrimidos por el joven nipón pero lo cierto es que desembarcó eufórico en la colonial Buenos Aires el 30 de setiembre de 1900.  
Julio A. Roca ejercía su segunda presidencia, Buenos Aires censaba 821.293 habitantes y Yoshio Shinya era el Primer Japonés inmigrante oficial que llegaba a estas costas.
De ahí en más comenzará su aventura.
Tiene diecisiete años y sabe que solo capacitándose logrará abrirse camino, apelará para ello a la voluntad estrenua que ha demostrado y a los conocimientos bien arraigados que  recibió en su patria.
Después de trabajar en diferentes menesteres y tener buenas conexiones en la ciudad se acercará al periodismo y comenzará una excelente etapa productiva.
En 1905 se celebró por primera vez un banquete oficial con motivo del cumpleaños del Emperador del Japón. Si bien la inmigración japonesa era escasa iban llegando pequeños contingentes, algunos dedicados a la floricultura y a la agricultura y otros al oficio de tintorero, desconocido en la ciudad.
A los veinticinco años Yoshio ya tiene una posición sólida y se casa con una bella joven, Laura Hudson Delhom que le da una hija, Violeta.
Pero la felicidad se quiebra cuando muere Laura dejando una huérfana de cinco años y una familia transida.

Violeta queda al cuidado de su padre y de su abuela materna Mary Ellen Hudson de Delhom la hermana menor de Guillermo Enrique Hudson.*
La niña recibió de su padre una sólida educación de orientación humanista y de su abuela constantes relatos y anécdotas familiares mientras compartía las cartas que el tío abuelo Guillermo enviaba desde Londres, eso contribuyó para que con el tiempo ella fuera una apasionada animadora en la difusión de la obra de Hudson.
Violeta se convirtió en la primera Maestra Normal nissei de la Argentina y luego al recibirse de Profesora en Letras en la primera universitaria nissei en el país. Nissei es el hijo de un japonés nacido en América.
Cuando se inauguró en 1967 el Museo y Parque Evocativo Guillermo E. Hudson  fue su primera Directora cargo que ejerció hasta 1991 año en que se jubiló tras veinticuatro de una espléndida tarea que hizo del predio un verdadero Parque Ecológico Cultural.
En 1998 fue declarada Ciudadana Ilustre de Florencio Varela en mérito a su elevada obra de cultura.

Violeta Shinya falleció en Buenos Aires el 3 de agosto de 2003 a los noventa y tres años.
Tradujo varias obras de Hudson: El Ombú (1977), Un naturalista en el Plata  (1980) La edad de cristal (1981) Días de ocio en la Patagonia y Páginas luminosas (1986) con ello contribuyó en gran medida a que los argentinos conocieran la calidad literaria de este compatriota radicado en Londres que jamás olvidó a su tierra bien amada.

La Literatura Juvenil le debe pues mucho a aquella alocada aventura que comenzó allá lejos y  hace tiempo.

Si bien ciento quince años son pocos en la vida de un país es mucho en la proyección  que la cultura japonesa ha vertido en estas tierras nuevas una de cuyas expresiones más bellas es el Jardín Japonés en Palermo, inaugurado en 1919.

El Arte de las Flores es también una maravillosa manera de describir la belleza.

 
 


 

 *Guillermo Enrique Hudson, autor del bello  libro Allá lejos y hace tiempo.

                                                                             

 

 

    

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