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Hoy tengo que lamentar la pérdida de una escritora y gran amiga, Charito Alice que ayer partió para encontrarse con Christian Andersen en el mundo de los cuentos y los sueños.
El mejor homenaje que puedo rendirle es regalándoles este cuento que
habla de su sensibilidad y capacidad creatividad.
Los gatos celestes
_Es así, Pancho. Cuando un gato desaparece de la casa de sus dueños, no hay duda: es porque se ha puesto celeste.
Y de nada sirve que lo busquen ofreciéndole un lomito a medio asar o crema de leche fresca.
No volverá ni por una lata de sardinas recién abierta.
_¿Y por qué?
_Porque al ponerse celestes los gatos dejan de sentir hambre y sueño y
frío.
_Pero... ¿y adónde van, abuelo?
_A ningún lugar en especial. Andan como siempre, por todos lados.
_¿Y cómo yo no los veo?
_Es que son transparentes, como el aire limpio o el agua clara.
_¿Y caminan?
_¡Claro que caminan! Por los techos, por los jardines, por las terrazas...
y por el aire.
_¿Por el aire? ¡Eso sí que no me lo creo!
_¡Sí señor!.. Los gatos celestes pueden hacer cosas que los gatos comunes
no pueden.
_¿Y qué más, qué más?
_Bueno... Pueden guiar a los gatos con hambre hasta los lugares donde hay
comida...
_¿Si?
_O indicarles dónde pasar una noche de tormenta sin mojarse.
Pancho se acercó más a su abuelo y reclinó la cabeza sobre su cuerpo.
Al poco rato dormía serenamente.
Entonces el abuelo lo sujetó con cuidado por la piel de la nuca y caminó muy despacio varias cuadras.
En el umbral de una linda casa había un cajoncito con trapos de lana y una
nota que decía
"Señores reyes: Queremos de regalo un gatito
de cualquier color. Gracias".
El viejo abuelo puso adentro a Pancho.
Después se alejó tranquilo, mientras se iba poniendo celeste.
Rosario Alice (Charito)