martes, 29 de abril de 2014
Cibeles
LA FUENTE DE LA CIBELES
Quienes han estado alguna vez en Madrid y quienes no también puesto que su imagen es archiconocida, habrán podido admirar una lindísima fuente frente al monumental edificio del Correo Central conocida como la Fuente de la Cibeles, punto obligado para sacar fotografias desde lejos.
¿Por qué desde lejos?
Pues por una simple razón, está prohibió el acceso a los peatones quienes podrán admirarla calle de por medio sin intentar acercarse ya que de inmediato un gentil policía lo invitará a regresar a la vereda opuesta.
La prohibición no es arbitraria y se estableció para evitar los desmanes que producían después de partidos importantes los fanáticos del fúbol quienes, entre otras hazañas, se bañaban en la fuente.
Lo cierto es que no se puede acceder a ella y solo desde lejos se podrá admirar el grupo escultórico que muestra a la diosa Cibeles manejando su carro tirado por dos leones. A la belleza con que la dotó su autor se añade una historia muy singular ocurrida allá por los siglos de los siglos cuando en el mundo existían dioses y diosas y sus intríngulis.
Una doncella muy bella y extraordinaria deportista era invencible en la carrera, nadie lograba ganarle y ante los requerimientos amorosos de sus admiradores decidió que aceptaría al galán que lograra vencerla. Con pena muchos pensaban que era en vano intentarlo, Atalanta era invencible. Pero hete aquí que Hipómenes un joven atleta aceptó el reto de la joven ante la sonrisa burlona de los indecisos.
Se establecieron las reglas, se fijó el día y el retador pidió que nadie los siguiera y todos esperaran en el punto de llegada para no perturbarlos.
Se dio la orden de largada, Atalanta tomó la delantera durante un tramo y de pronto Hipómenes la pasó como exhalación.
Sorprendida Atalanta casi tropieza con una gran manzana de oro que brillaba al sol, dudó pero se detuvo a recogerla. Eso sucedió dos veces más, algo poderoso la obligaba a levantarlas.
Cuando Atalanta reaccionó era demasiado tarde, Hipómenes llegaba trinfante al final del recorrido ovacionado por sus amigos.
La muchacha aceptó la derrota. Se alejaron abrazados y llegaron al templo de Cibeles para concretar su amor.
Indignada la diosa ante la irreverente invasión de sus dominios los transformó en leones para que tiraran de su carro por toda la eternidad.
Esa es la historia de Atalanta que varios pintores han tomado como tema y sus cuadros
se exhiben en el Museo del Prado.
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