RECORDANDO A LOS GRANDES
Leopoldo Lugones (1874/1938)
Salmo pluvial
Tormenta
Érase una caverna de agua sombría el cielo.
el trueno a la distancia rodaba su peñón
y una remota brisa de conturbado vuelo
se acidulaba en tenua frescura de limón.
Como caliente polen exhaló el campo seco
un relente de trébol lo que empezó a llover.
Bajo la lenta sombra, colgada en denso fleco,
se vio al cardal con vívidos azules florecer.
Una fulmínea verga rompió el aire al soslayo,
sobre la tierra atónita cruzó un pavor mortal
y el firmamento entero se derrumbó en un rayo
como un inmenso techo de hierro y de cristal.
Lluvia
Y un mimbreral vibrante fue el chubasco resuelto
que plantaba sus líquidas varillas al trasluz
o en pajonales de agua se espesaba revuelto
descerrajando al paso su pródigo arcabuz.
Saltó la alegre lluvia por taludes y cauces,
descolgó del tejado sonoro caracol
y luego, allá a lo lejos, se desnudó en los sauces
transparente y dorada bajo un rayo de sol.
Calma
Delicia de los árboles que abrevó el aguacero.
Delicia de los gárrulos raudales en desliz.
Cristalina delicia del trino del jilguero.
Delicia serenísima de la tarde feliz.
Plenitud
El cerro azul estaba fragante de romero
y en los profundos campos silbaba la perdiz.
(De El libro de los paisajes)
Alfonsina Storni (1892/1938)
La caricia perdida
Se me va de los dedos la caricia sin causa
se me va de los dedos... En el viento al rodar
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida rodará... rodará...
Si en el viento te llaman esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.
Si no ves esa mano ni la boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de llamar,
oh viajero que tienes como el cielo los ojos
en el viento fundida ¿me reconocerás?
(De Languidez)
Amelia Biagioni
No es locura
No temas, lo que tengo no es locura.
Es que a veces, feliz y desolada,
por un bosque imposible voy callada
sin saber que persigo en la espesura.
De pronto, una gacela de hermosura
me nombra con su rastro de balada.
Ah, si alcanzo su sombra en la ondulada
persecución, ya gano la aventura.
Sé razonable. Guarda los abrojos
de tu regaño tierno y no te asombre
que responda, si me hablas: "...alhucema..."
y comprende que calle y que mis ojos
te olviden y no sepa ni mi nombre
cuando cazando voy tras un poema.
(De Sonata de Soledad)
No hay comentarios:
Publicar un comentario