Renato corrió hacia el puente porque le
encantaba ver pasar los coches por abajo.
Parecían chispazos encendiendo la tarde.
_¿Qué hacés pibe? Te vas a
quedar bizco de tanto mirar, a ver si se te cae el melón.Y una risotada acompañó la voz áspera del muchacho.
Se sobresaltó, giró la cabeza y lo vio a su lado.
Estaba sacando un pucho del bolsillo y mientras lo encendía murmuraba:
_Este sí que es de los buenos, mirá es casi la mitad lo levanté cuando un tipo lo tiró antes de subir al cole ¿querés?..
_No, gracias. Chau, me voy.
_Tené cuidado porque el Tigre te anda buscando.
_¿A mí... y para qué?
_No sé, dice que le debés algo... me parece que te quiere fajar.
_Chau –repitió y se alejó corriendo.
Llegó a la casa, sacó la llave que llevaba colgada debajo del pullóver y abrió. No había nadie.
Preparó mate cocido con leche y untó con manteca varias rodajas de pan.
Encendió el televisor, le fascinaba Mac Guiver, la serie que estaban repitiendo, era su ídolo: un alambrecito y ya estaba, todo arreglado sin tiros, sin golpes, sin bombas nada más que con inteligencia. Pensaba que eso era tener valor.
Estaba por terminar el capítulo cuando llegó la madre, traía una gran bolsa que llamó su atención.
_Ma ¿qué es?
_¿A que no adivinás?..
_¿Es para mí?
_No sé, tendrás que verlo.
Con impaciencia sacó el envoltorio y rasgó el papel. Apareció una campera azul.
_¿Es para mí? –repitió emocionado.
_No es la que te gustaba tanto pero...
_Es fantástica Ma y el color me encanta, voy a probarla.
_¿Cómo me queda?
_Perfecta. Tendrás que cuidarla, nada de dejarla tirada por cualquier lado.
_No, Ma, seguro que la voy a cuidar. Mañana la estreno, o mejor el sábado porque es el cumple de Paula –sintió que se ruborizaba y para disimular volvió a mirarse en el espejo. Ensayaba distintas formas, cerrada arriba, hasta la mitad, con solapas, tipo Mao, siempre lucía impecable.
Esa noche se durmió muy tarde, se imaginaba de mil maneras el encuentro del sábado con su campera nueva. ¿Le gustará a Paula?
El lunes Paula le había preguntado:
_Renato... ¿Si te invito a mi cumpleaños... venís?
_Sí, seguro –contestó sorprendido.
_Es el sábado a las cinco.
Ese día estuvo entre nubes tanto que su papá tuvo que volverlo a la realidad:
_Renato, si seguís en Babia tu comida estará congelada para cuando regresés.
Creyó ver una mirada cómplice que cruzaban los padres pero no se inmutó.
Paula había invitado a los que formaban con ella el equipo de estudio de Historia.
Renato le pidió a la madre que le comprara algo bien lindo y ella se esmeró
Los cinco quedaron en encontrarse para ir juntos el sábado a las cuatro y media.
Y llegó el gran día. Cuando llegó Renato las exclamaciones lo llenaron de placer.
La primera fue Elisa:
_Renato ¡Qué campera preciosa!
_Cool viejo, te pasaste -agregó Pablo.
_Es muy linda –decían Agustina y Luis mientras le daba palmaditas en la espalda.
Caminaban despacio charlando contentos y de pronto oyeron una voz desagradable a sus espaldas:
_A vos te buscaba, pibe.
Era el Tigre, un muchacho robusto, de mirada desafiante y gesto prepotente.
Los chicos detuvieron la marcha y se replegaron tratando de mantenerse a distancia.
_A vos, sí, a vos te buscaba.
_¿A mí, por qué?
Porque te debo una.
_¿Qué decís?.. A mi no me debés nada –contestó Renato.
Pero el otro se plantó frente a él, lo miró de arriba abajo y gritó:
_Sí, te debo una buena tunda y te podés salvar si... ¡Si me das la campera!
El corazón de Renato pareció escapársele del pecho.
_¡Estás reloco!...¿Qué te picó?
_O me la das o te la saco, elegí.
Atónitos los chicos no atinaban a nada.
El Tigre jugueteaba con una navaja que tenía en la mano, los miró a todos y dijo:
_Y ninguno se haga el valiente, porque esta gauchita es muy peligrosa –y prolongaba la u de muy para intimidarlos.
Se volvió y preguntó: ¿Y pibe... qué hacemos?..
_No pienso dártela.
Los chicos lo miraron con ojos de espanto.
El matoncito sonrió y dijo:
_No me digas... bueno pibe no dirás que no te avisé, vos lo quisiste...
Y en el momento en que iba a abalanzarse sobre Renato pálido y preparado para responder, Elisa levantó su bolso y lo estrelló contra el matón justo, justo, debajo del cinturón.
El muchachón dio un alarido y se dobló.
_¡Rajemos!.. –gritó Luis.
Salieron como cohete espacial y llegaron a la casa de Paula exhaustos y con el corazón galopando. Por suerte la puerta estaba abierta.
Una vez repuesto el aliento tuvieron que explicar a los dueños de casa la razón de esa llegada tan fuera de lógica.
_Nos tropezamos con el Tigre.
_¿Quién es el Tigre? –preguntó el padre de Paula._
_Es un matón de cuarta… -contestó con suficiencia Luis.
_Será de cuarta pero estábamos aterrados, tenía una cuchilla –dijo Agustina todavía pálida y temblorosa.
_Era un cortaplumas nena, no exageres.
_De todas maneras es inadmisible que ocurran estas cosas –aclaró el padre de Paula.
_¡Elisa fue la que estuvo fenomenal!.. – dijo Pablo.
Cuando contaron la reacción de Elisa roja hasta las uñas, Paula preguntó:
_ ¿Cómo se te ocurrió Elisa? ¡Qué valiente!
_No sé. Me dio tanto miedo que sólo atine a revolear el bolso...sin acordarme que tenía las boleadoras que me prestaste para la clase de Historia...
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